Salmos 31:5
En tu mano encomiendo mi espíritu; tú me has redimido, oh SEÑOR, Dios de verdad.
31:1-8 La fe y la oración deben ir juntos, por la oración de fe es la oración que prevalece. David entregó su alma de una manera especial con Dios. Y con las palabras, ver. 5, nuestro Señor Jesús exhaló su último aliento en la cruz, e hizo su alma una ofrenda voluntaria para el pecado, entregando su vida como rescate. Pero David está aquí como un hombre en apuros y problemas. Y su gran cuidado es acerca de su alma, su espíritu, su mejor parte. Muchos piensan que, si bien perplejo en cuanto a sus asuntos mundanos, y sus preocupaciones se multiplican, pueden ser excusados ​​si descuidan sus almas; pero estamos más preocupados que mirar a nuestras almas, que, aunque el hombre exterior se va desgastando, el hombre interior puede sufrir ningún daño. La redención del alma es tan preciosa, que debe haber dejado para siempre, si Cristo no hubiera realizado él. Después de haber confiado en la misericordia de Dios, él y nos alegraremos en él. Dios mira a nuestras almas, cuando estamos en problemas, para ver si se han humillado por el pecado, e hizo mejor por la aflicción. Cada creyente se reunirá con tales peligros y liberaciones, hasta que él se libró de la muerte, su último enemigo.

Salmos 31 Comentario de Matthew Henry, traducido del Inglés

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Salmos 31:4
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