Jeremías 1:1
Palabras de Jeremías, hijo de Hilcías, de los sacerdotes que habitaban en Anatot, en la tierra de Benjamín,
1:1-10 Temprano el llamado de Jeremías a la obra y la oficina de un profeta se afirma. Iba a ser un profeta, no a los Judios solamente, sino a las naciones vecinas. Él sigue siendo un profeta a todo el mundo, y sería así si asistirían a estas advertencias. El Señor que nos formó, sabe a qué servicios y fines particulares que nos pensó. Pero a menos que nos santifica por su Espíritu de nueva creación, que no podrá ser aptos para su santo servicio en la tierra, ni su santa felicidad en el cielo. Nos vuelve a tener bajos pensamientos de nosotros mismos. Aquellos que son jóvenes, debe considerar que son así, y no se aventuran más allá de sus poderes. Pero, aunque el sentido de nuestra propia debilidad e insuficiencia debería hacernos ir humildemente sobre nuestro trabajo, no nos debe hacer retiramos cuando Dios nos llama. Los que tienen mensajes para entregar parte de Dios, no hay que temer a la cara del hombre. El Señor, por un signo, dio a Jeremías un regalo así como era necesario. El mensaje de Dios debe ser entregado en sus propias palabras. Lo que los hombres o los políticos sabios mundanos pueden pensar, la seguridad de los reinos se decidirá de acuerdo con el propósito y la palabra de Dios.

Jeremías 1 Comentario de Matthew Henry, traducido del Inglés

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