2 Samuel 18:33
Y el rey se conmovió profundamente, y subió al aposento que había encima de la puerta y lloró. Y decía así mientras caminaba: ¡Hijo mío Absalón; hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera haber muerto yo en tu lugar! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!
18:19-33 Al dirigir David para dar gracias a Dios por su victoria, Ahimaas se preparó para la noticia de la muerte de su hijo. Cuanto más nuestros corazones son fijos y agrandados, en acción de gracias a Dios por nuestras misericordias, mejor dispuestos que habrá de soportar con paciencia las aflicciones mezclados con ellos. Algunos piensan que el deseo de David surgió de la preocupación sobre el estado eterno de Absalón; pero más bien parece haber hablado sin la debida reflexión. Él tiene la culpa por mostrar tanta afición a un hijo sin gracia. También para pelearse con la justicia divina. Y por oponerse a la justicia de la nación, que, como rey, tenía que administrar, y que debe ser preferido por encima del afecto natural. Los mejores hombres no siempre están en una buena condición; tendemos a sobre-llorar por lo que nos encantó sobre-. Pero mientras que aprendemos de este ejemplo para velar y orar contra la indulgencia pecaminosa, o negligencia de nuestros hijos, ¿no podemos, en David, percibir una sombra del amor del Salvador, que lloró sobre, oró por, e incluso la muerte sufrida por la humanidad, aunque rebeldes viles y enemigos.

2 Samuel 18 Comentario de Matthew Henry, traducido del Inglés

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2 Samuel 18:32
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